Conocimiento es, ante todo, información.
El ser humano investiga para acumular información y satisfacer así su curiosidad. Son preguntas y respuestas, que se van acumulando, generando así más conocimiento. Nacen mas preguntas que nos inquietan, que a su vez nos impulsan a indagar, generan mas información, que conseguimos estructurar para saber mas, para conocer mas.
La transformación de la sociedad, primero de agrario a industrial, y ahora a información y a conocimiento, se ha ocasionado en gran parte como resultado de la acumulación y transmisión cada vez más sofisticada del conocimiento generado. Tanto es así que actualmente, para muchas organizaciones y países, la innovación y la gestión del conocimiento ya no son disciplinas de lujo, pero sí un medio de desarrollo económico sostenible y competitivo. El conocimiento y la innovación juegan un papel cada vez más decisivo para fomentar una competitividad sostenida en el tiempo [AHIL, 2004].
En el campo de la investigación biomédica, resulta especialmente relevante que las decisiones estratégicas se basen sobre una información rigurosa, refinada y contrastada; en ese campo, gestionar el conocimiento genera valor ya que permite la toma de decisiones basadas sobre la información, y no meramente sobre una intuición personal.
Se puede gestionar si se puede medir. Se puede medir lo que se conoce. Se conoce lo que se decide. Decidir supone conocer.
La gestión del conocimiento es un proceso aplicable a una amplia gama de disciplinas; implica materias como gestión de la información, adquisición de conocimiento, transferencia del conocimiento, cultura organizativa, aprendizaje organizativo, comunidades de práctica, buenas prácticas, y capital intelectual.